Lo más recomendable, para empezar, es reducir la toma por semanas. Si usted ha decidido que dará pecho tres meses, al segundo mes debe empezar a dar una toma menos.
El destete del bebé es un proceso natural de crecimiento cuya ocurrencia coincide con la introducción de otros alimentos. Desarrollado de esta forma, no debe representar ningún tipo de trauma ni para la madre ni para el bebé. Como quiera que sea, tenga en cuenta que es una experiencia única y que varía con cada hijo.
En ese sentido, dar pecho al bebé es beneficioso, independientemente del tiempo que se le dé. Esto supone gran alivio para las madres, especialmente para aquellas que deben regresar a sus trabajos; sin embargo, la teoría y la práctica están de acuerdo en que, si bien el tiempo es casi irrelevante, la forma como se haga el destete influirá mucho en la salud emocional del bebé.
La mayor parte de las madres hoy en día necesitan hacer el destete aproximadamente entre los 3 y los 6 meses. Muchos textos se refieren a esto como “un proceso de despegue emocional”. Puede que sea cierto: de alguna forma, el pecho representa una cercanía con la madre y es un acto muy íntimo que comparte esta con su hijo.
Lo más recomendable, para empezar, es reducir la toma por semanas. Si usted ha decidido que dará pecho tres meses, al segundo mes debe empezar a dar una toma menos (del pecho, pero puede ser con leche del pecho), la siguiente semana dos tomas menos, y así hasta que esté en una toma diaria la semana antes de dejar el pecho.
Es importante introducir una toma de agua, jugo (consulte a su pediatra), fórmula o leche materna en biberón cuando inicie esta práctica, pues no solo debe reducir una toma por semana, sino también el tiempo de duración de las tomas. A la vez debe contemplar la idea de ir introduciendo otra forma de establecer un vínculo de intimidad con el bebé, de manera que se cree un sustituto. No es recomendable quitar el pecho de un día para otro.
La alimentación del pecho cumple más allá que una función alimentaria: establece una cercanía emocional entre la mamá y el bebé y ofrece una forma de consuelo y seguridad para las ansiedades del bebé.
Se encuentra en la práctica que muchos niños en edades preescolares que aún son amamantados han fallado en desarrollar métodos de autoconsolación diferentes al pecho materno; este lado de la balanza no es sano en el plano emocional. Tenga en cuenta que al principio que usted ofrezca otra cosa a su bebé que no sea el pecho, ésta será rechazada. Es una época de mucha paciencia, pues su bebé tiene que adaptarse de la pérdida de algo cálido, blando y cariñoso que lo alimenta y consuela, a un chupón de plástico. Por eso, mientras más chico sea el bebé, acérquelo mucho a su pecho, déjele sentir su calor.
La relación no debe cambiar
De una forma o la otra, la relación con su bebé no tiene por qué cambiar cuando se deja el pecho, esto es algo a lo que temen muchas madres. La única forma que podría representar un trauma se presenta si usted quita abruptamente la toma de pecho. Si se hace de la forma recomendada, usted y su bebé pasarán esta etapa de transición con normalidad y sin repercusiones mayores. Si usted retira el pecho de manera brusca y no escalonada, su bebé puede deprimirse. Se dará cuenta porque el bebé tiende a estar más decaído y a no querer alimentarse.
Algunas veces las madres están ansiosas de más o sienten mucha culpa. A veces porque no quieren dejar de amamantar y los demás alrededor prácticamente las obligan. Otras porque pasan momentos de mudanzas, duelos, divorcios. Si se hace escalonadamente nada debe pasar, pero es importante la salud emocional de la mamá.
Problemas futuros asociados
Los niños pueden sufrir de ansiedad, no aprender formas de autoconsolación y posteriores métodos de autorregulación emocional.
No hay diferencia de a quiénes les cuesta más, si a los niños o a las niñas. Va a depender del niño y de sus necesidades emocionales y de la cercanía de su madre.











